¿Qué cuerpos están siendo violentados en el territorio de Esmeraldas? 

El 8M, manos que dejan huella y voces que se unen. Juntas, transformamos el silencio en fuerza y la memoria en lucha. Fotografía tomada por la autora.

Por María Preciado

En este blog, María Preciado, investigadora de DignArte Cimarrona y miembro del Colectivo Mujeres de Asfalto, analiza cómo la violencia se inscribe en los cuerpos en Esmeraldas. A partir de la historia territorial, las experiencias vividas y entrevistas con actores clave que trabajan en la prevención de la violencia basada en género, se explora qué cuerpos están más expuestos a la violencia y por qué.

Esmeraldas: territorio de memoria y multifrontera

Sentir Esmeraldas es reconocer lo que habitamos, lo que somos. Estar ubicados en la costa norte del Ecuador nos permite comprendernos no como una isla, sino como una multifrontera: un territorio atravesado históricamente por desigualdades, precarización y ausencia estatal, pero también un espacio de resistencias, memorias ancestrales y luchas comunitarias.

En el contexto nacional, la violencia ha alcanzado niveles históricos. En 2025 Ecuador registró 9.216 homicidios, con una tasa de 50,9 por cada 100.000 habitantes, la más alta de su historia. Para 2026, aunque se registra una leve disminución, la situación sigue siendo crítica: entre enero y el 10 de marzo se contabilizan 1.642 homicidios, y solo en enero más de 700 muertes violentas.

Este escenario impacta de manera desproporcionada a territorios como Esmeraldas, donde la violencia estructural, armada, de género y racista se entrelazan, profundizando la vulneración de derechos en poblaciones históricamente racializadas.

Mujeres y niñas: los cuerpos más expuestos

Los cuerpos de mujeres y niñas esmeraldeñas continúan siendo los más violentados. A nivel nacional, en 2025 se registraron al menos 349 femicidios, es decir, una mujer asesinada cada 22 horas.

La violencia sexual también refleja cifras alarmantes: 6 de cada 10 mujeres en Ecuador han vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. En contextos como Esmeraldas, esta realidad se agudiza por la falta de acceso a justicia, salud sexual y reproductiva, y protección efectiva.

Muchas niñas y adolescentes continúan siendo víctimas de violencia sexual, resultando en embarazos forzados que evidencian no solo la agresión directa, sino también la ausencia del Estado en garantizar derechos básicos.

Niños, niñas y adolescentes: la infancia en riesgo

La infancia en Ecuador enfrenta un escenario cada vez más violento. En 2023 se registraron al menos 770 homicidios de niños, niñas y adolescentes, y para 2026 la tendencia continúa en aumento, con un incremento del 5% en enero, pasando de 48 a 50 casos en comparación con el año anterior.

Estos datos reflejan el impacto del crimen organizado en la vida de la niñez, particularmente en territorios como Esmeraldas, donde el reclutamiento forzado, el desplazamiento y la violencia armada se han vuelto parte de la cotidianidad.

Desapariciones forzadas y violencia extrema

Las desapariciones y las formas extremas de violencia continúan marcando el territorio. En los últimos años se han reportado decenas de casos de desapariciones, algunos vinculados incluso a operativos de seguridad.

Casos como el de Cirilo Leonardo Minota, así como el de jóvenes encontrados calcinados, evidencian prácticas de violencia que no solo buscan quitar la vida, sino borrar la identidad de las víctimas, afectando profundamente a sus familias y comunidades.

Cuerpos no identificados: vidas que se borran

La violencia también se expresa en los cuerpos sin nombre. En Ecuador, el incremento de muertes violentas ha derivado en un aumento de cadáveres no identificados, muchos de ellos pertenecientes a personas empobrecidas y racializadas.

En Esmeraldas, casos como el hallazgo de mujeres enterradas con signos de tortura reflejan una realidad donde la violencia no solo mata, sino que invisibiliza y niega el derecho a la memoria.

Un territorio que resiste

A pesar de este contexto, Esmeraldas sigue siendo un territorio de resistencia. Organizaciones sociales, colectivos de mujeres afrodescendientes, juventudes y defensoras de derechos humanos continúan generando procesos de acompañamiento, denuncia y cuidado comunitario.

Estas resistencias enfrentan no solo la violencia directa, sino también el racismo estructural y la exclusión histórica que han marcado al territorio.

Conclusión

En 2026, los cuerpos más violentados en Esmeraldas siguen siendo los de mujeres, niñas, niños, adolescentes, personas desaparecidas y no identificadas. La violencia se manifiesta en múltiples formas: homicidios, femicidios, violencia sexual, reclutamiento forzado y desapariciones.

Sin embargo, frente a esta realidad también emergen cuerpos que resisten: cuerpos que, desde la memoria ancestral, la organización comunitaria y la lucha cotidiana, continúan defendiendo el derecho a existir con dignidad en un territorio atravesado por el racismo, la desigualdad y la histórica ausencia estatal.

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