¿Quiénes están trabajando para erradicar la VBG y qué están haciendo?
Foto tomada por la autora.
Por Cindy Arroyo
En este texto, Cindy Arroyo, investigadora de DignArte en FLACSO, examina los actores y las estrategias involucradas en los esfuerzos por erradicar la violencia basada en género en Ecuador. Cindy sitúa estos esfuerzos en el contexto de los recientes cambios políticos y reflexiona sobre la creciente importancia de las organizaciones feministas y del arte como formas de resistencia y cuidado:
Antes de abordar la pregunta fundamental de este estudio, es imperativo examinar el entorno político e institucional de Ecuador junto con la postura contemporánea del Estado con respecto a la protección de los derechos de las mujeres y los cuerpos feminizados. El 15 de agosto de 2024, el presidente Daniel Noboa emitió diez decretos ejecutivos que facilitan la consolidación de múltiples entidades gubernamentales, incluido el Ministerio de la Mujer y los Derechos Humanos. El decreto ejecutivo No. 101 estipula que el Ministerio de Gobierno asumirá todos los poderes, responsabilidades, funciones, obligaciones, representaciones y delegaciones que anteriormente estaban atribuidos al Ministerio de la Mujer y los Derechos Humanos.
Numerosas organizaciones de la sociedad civil han advertido de que esta resolución significa un retroceso en la garantía de los derechos de las mujeres, ya que socava las funciones de una institución cuyo mandato explícito era garantizar su protección y erradicar la violencia de género. La concentración de competencias en un ministerio cuya prioridad principal es la seguridad y el combate al crimen organizado genera serias dudas sobre su capacidad para responder de manera efectiva y especializada a las problemáticas de género. En este contexto, cabe preguntarse: ¿cómo puede una cartera estatal singular desempeñar adecuadamente las funciones que anteriormente se asignaban a distintas instituciones dedicadas a los derechos humanos?
Desde el punto de vista gubernamental, el panorama imperante refleja una ambigüedad en cuanto a qué sector de la estructura gubernamental se comprometerá genuinamente con la erradicación de la violencia de género. A la luz de esta limitación, la función fundamental de las organizaciones y colectivos feministas, como la Fundación Aldea, CEPAM, etc., que han sostenido procesos de apoyo, promoción y activismo en defensa de los derechos de los cuerpos feminizados, adquiere cada vez más importancia.
Tanto a nivel regional como internacional, entidades como ONU Mujeres, CEDAW, ACNUR y UNICEF son reconocidas por sus contribuciones a la mejora de las políticas que combaten la violencia de género a través de agendas, programas y acuerdos internacionales. Los marcos normativos como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) y la Declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia contra la mujer (1993) sirven como puntos de referencia esenciales para la acción estatal.
Ahora bien, en el marco del proyecto de investigación DignArte, además de analizar la violencia de género contra las mujeres racializadas, es crucial explorar la función del arte como mecanismo de resistencia, sanación y sostenibilidad frente a dicha violencia. En el contexto ecuatoriano, notables esfuerzos artísticos han redefinido la violencia a través de expresiones creativas, ejemplificadas por los murales de María Ornella, las ilustraciones de Annabella Valencia, los modelos de arcilla de Javier Ayala, las fotografías de Kath Guerrero, los retratos a grafito de Dick Vera, la popular batucada con su percusión colectiva y grupos culturales como Martina Carrillo y Casa Yemanyá.
Estas prácticas artísticas permiten abrir un campo de análisis sobre cómo el arte no solo constituye una forma de denuncia y visibilización, sino también una estrategia para hacer más sostenibles los procesos de afrontamiento y sanación de la violencia en mujeres racializadas.