Cuando el territorio habla: Mapeo Participativo desde las Voces de Atacames
Por: Cindy Arroyo
Un mapa puede mostrar calles, barrios y límites. Pero también puede revelar dónde sentimos seguridad, dónde habita el miedo y cómo el racismo y la violencia atraviesan la vida cotidiana
En el cantón de Atacames, esta fue la apuesta del mapeo participativo, punto de partida de un proceso impulsado por las investigadoras pares, quienes organizaron un encuentro con personas de distintos sectores del territorio para compartir, dialogar y construir conocimiento colectivo sobre las realidades que atraviesan sus comunidades.
El taller comenzó de una manera poco habitual: antes de hablar del territorio, hablamos del cuerpo. Cada participante se presentó diciendo su nombre, la emoción con la que llegaba y el lugar donde esa emoción, o el dolor, se manifestaba físicamente. Algunas señalaron el pecho, otras el estómago o la espalda. Reconocerse desde las emociones permitió habitar el presente y comprender que los territorios también se viven desde el cuerpo
A partir de allí comenzó el mapeo participativo. El primer paso fue dibujar sus hogares e identificar aquellos espacios donde se sienten segurxs. Las conversaciones revelaron la importancia de los espacios cotidianos: la habitación, el comedor, la cocina o la sala. Para algunas personas, la seguridad estaba asociada a la tranquilidad de su habitación; para otrxs, a la posibilidad de compartir tiempo con su familia o realizar actividades que les generan bienestar.
Sin embargo, estos relatos también dieron cuenta de cambios importantes en la forma de habitar el territorio. Durante la plenaria surgieron reflexiones sobre el aumento de la inseguridad y cómo esta ha transformado las dinámicas de ocio, encuentro y libertad.
“Donde como siempre es en el comedor, en la mesa… Soy feliz cocinando, ordenando y limpiando.”
“Si mi casa no está limpia, yo no estoy feliz.”
“Mi lugar seguro es mi habitación. Ahí me siento cómoda.”
Varias personas recordaron que antes podían salir con tranquilidad a espacios recreativos o discotecas, mientras que hoy sienten que los lugares más seguros son sus hogares y los encuentros con amistades en espacios privados. Estas historias mostraron que la seguridad no siempre depende de una puerta o una pared, sino de los vínculos, las rutinas y la posibilidad de sentirse en paz dentro del hogar.
Durante la conversación colectiva apareció un tema compartido por muchas personas: la inseguridad ha transformado las formas de vivir el ocio y la libertad. Varias recordaron que antes salían con tranquilidad a discotecas o espacios públicos; hoy, muchas prefieren reunirse con amistades en sus casas porque allí sienten mayor protección.
Después, los dibujos individuales se convirtieron en un mapa común. Cada participante ubicó su vivienda sobre un plano del cantón, creando una cartografía construida desde quienes conocen el territorio porque lo habitan todos los días.
Este ejercicio permitió visualizar cómo se distribuyen las experiencias y percepciones de quienes habitan distintos sectores del territorio. También se dialogó sobre los cambios estructurales que ha experimentado Atacames a lo largo de los años. Mientras algunas personas destacaron avances relacionados con infraestructura y acceso a servicios básicos, otras señalaron que todavía existen sectores donde estas necesidades no han sido plenamente cubiertas. La mayoría coincidió en describir a Atacames como un territorio turístico, una característica que ha impulsado el crecimiento urbano y la construcción de nuevas infraestructuras.
La segunda parte del taller estuvo dedicada a reflexionar sobre las diferentes formas de violencia de género y discriminación que enfrentan las personas que habitan el cantón.
Uno de los temas centrales fue la racialización. Mientras algunas personas manifestaron no conocer el término, otras lo relacionaron con la raza y el racismo. A partir del diálogo colectivo, se construyó una comprensión más amplia: la racialización no opera únicamente a través de actos individuales, sino también como un sistema que organiza oportunidades, derechos y experiencias de vida.
Las conversaciones permitieron identificar cómo este sistema se expresa en situaciones cotidiana como dificultades para acceder a empleo por ser una persona negra, experiencias de racismo en diferentes provincias del país y comentarios racistas en entornos familiares.
El taller también se convirtió en un espacio seguro para compartir experiencias relacionadas con la violencia basada en género racializada. Lxs participantes reflexionaron sobre la normalización de distintas formas de violencia de género, la dificultad para hablar sobre ellas y las maneras en que estas afectan a las corporalidades negras, afrodescendientes, empobrecidas, etc. Surgieron testimonios vinculados a la violencia física, la violencia estética y otras formas de discriminación que suelen permanecer invisibilizadas.
Varias personas compartieron experiencias vividas en distintas etapas de sus vidas; otras relataron situaciones observadas en sus barrios, comunidades o a través de las redes sociales. Cada historia aportó una pieza importante para comprender cómo el racismo y las violencias de género se manifiestan en la vida cotidiana y cómo impactan de manera diferenciada a quienes habitan el territorio.
¿Qué cambia cuando las comunidades no solo participan en una investigación, sino que también producen conocimiento sobre sus propios territorios?
El proceso de mapeo participativo demostró que las comunidades poseen conocimientos fundamentales para comprender las realidades que viven. Lejos de ser únicamente participantes de una actividad, las personas asistentes se convirtieron en productoras de conocimiento sobre sus experiencias, sus memorias y los desafíos que enfrentan en sus territorios.
Las investigadoras pares desempeñaron un papel clave en este proceso. Gracias a su cercanía con el territorio, facilitaron espacios de confianza donde fue posible dialogar sobre temas complejos, compartir experiencias personales y construir análisis colectivos desde las vivencias de quienes habitan Atacames.
Los mapas elaborados durante el taller no solo muestran calles, viviendas o sectores del cantón. También reflejan emociones, recuerdos, sentidos de pertenencia, preocupaciones y formas de resistencia. Hacen visible aquello que muchas veces no aparece en los registros oficiales sobre cómo se experimentan la seguridad, la discriminación, el racismo y las violencias de género en la vida cotidiana.
Cuando las comunidades producen conocimiento sobre sus propios territorios, la investigación deja de mirar desde afuera, se vuelve más cercana, más situada y capaz de comprender las realidades que busca transformar. Los mapas se convierten en memoria colectiva, en evidencia de las desigualdades y en una herramienta para comprender cómo el racismo y las violencias de género se inscriben tanto en el cuerpo como en el espacio que habitamos; así como, una comprensión más profunda de los desafíos y fortalezas que atraviesan el cantón de Atacames.
Hay territorios que no pueden entenderse únicamente como “territorios”. También necesitan las voces, las emociones y las historias de quienes los viven cada día.